Artículo escrito por María Ángeles Sagasti
15/12/2023
Muchas veces, no somos conscientes de que lo que creemos es una solicitud que hacemos a otro, en realidad se trata de una exigencia. La clave para distinguir una de la otra es preguntarse si aceptaríamos, como una opción válida, una respuesta negativa. Si no admites que el otro tiene derecho a negarse entonces, sencillamente, le estás dando una orden.
Es legítimo realizar, casi, cualquier tipo de demanda. Tanto sobre algo material, como peticiones de ayuda. Incluso, demandar un cambio del otro. La única excepción serían las solicitudes que son deshonestas. Es decir, que van contra los valores y principios éticos en que nos movemos. Porque en materia de derechos, conviene recordar que el interlocutor también tiene derechos.
A veces, nosotros mismos nos autocensuramos. No llegamos a realizar una petición legítima porque suponemos que vamos a poner al otro en un compromiso. Pero, como ya se ha dicho, si aceptas que el otro tiene derecho a negarse, el sentido de la “obligación” desaparece. Por lo mismo, si acepta tu encargo, queda establecido el compromiso entre ambas partes. Como consecuencia, puedes esperar a recibir, lo que sea que hayas pedido, en las condiciones establecidas.
Otras veces, esperamos que el otro nos adivine lo que queremos, de manera que no llegamos ni a formular la petición. A veces sí que pueden adelantarse a nuestros deseos o necesidades, pero lo más frecuente es que no ocurra. Como consecuencia, nos enfadamos con él/ella. La realidad es que, si no ha habido una petición expresa, no se ha podido realizar una aceptación y, por tanto, ¿cómo podemos reclamar algo que ni siquiera se ha comprometido?. No obstante, lo hacemos. Para evitar esto, lo mejor es pedir directa y claramente lo que queremos, en vez de, suponer que el otro hará algo que no se acordó.
Y existe una manera correcta de realizar nuestras peticiones. Se pueden hacer de varias maneras, cuyo denominador común es la amabilidad. Como muestra, se proponen las siguientes fórmulas:
- Hacer una petición en forma de pregunta: Por ejemplo, “¿me acompañas a..?”, “¿me puedes ayudar con..?”.
- Dulcificando una petición imperativa con frases de cortesía: A saber, introducciones como “por favor, coge el teléfono”; “perdón, necesito pasar.”.
- Haciendo la petición en condicional: Del tipo “Te agradecería que..”;” estaría bien que..
Respecto al contenido de la demanda, es aconsejable la concreción. Precisar que se quiere exactamente, a quien va dirigido y cuando se necesita. Las peticiones ambiguas no tienen interlocutor, ni plazo, y puede estar pidiéndose desde algo sencillo a muy complejo. Es decir, no son una petición, sino una simple declaración de deseos. ¿Como se puede responder eficazmente a una declaración como la siguiente?: “hay que hacer la evaluación”….
Por último, añadir que a la hora de pedir es importante no abusar de las explicaciones. Es mejor, hacer lo más directa y específicamente la petición y posteriormente, si lo creemos necesario, dar una leve explicación. El exceso de justificación lo que transmite es una conducta de inseguridad.
Si el hombre supiera agradecer como sabe exigir, la sociedad otra sería.
(Anónimo)
